Hace algunos años, durante diciembre, en México pedíamos posada, cargábamos a los Peregrinos, rompíamos piñatas en forma de estrella, disfrutábamos las colaciones, poníamos Nacimientos sobre musgo y heno, comíamos romeritos en mole, bebíamos el ponche caliente, cantábamos villancicos en español, veíamos pastorelas y les dejábamos la carta en el zapato a los Reyes Magos. Estas costumbres de la Navidad se han ido diluyendo o transformando poco a poco.
Mi padre, el pintor Guillermo Rodríguez Camacho (“Kamacho”), retrató las tradiciones decembrinas en su obra. Y les imprimió su carácter único. En las siguientes imágenes se aprecia el proceso creativo de dos obras.
La primera es «La posada», donde vemos cómo cargan a los Peregrinos, llevan el tradicional folleto y las velitas. Arriba cuelga una piñata. También se puede ver la arquitectura del lugar.
Resulta interesante cómo el artista partió de un grabado de su propia autoría y modificó algunas partes de la composición. El resultado final fue una pintura (acrílico sobre masonite). El grabado se acerca más a su trabajo en el Taller de Gráfica Popular, del cual fue miembro en los 1950s. La pintura, en cambio, muestra su estilo colorido y fantástico de los años 1970s-1980s.








La segunda obra es «Romper la piñata». Vemos a unos niños o jóvenes que van, de pie, sobre avioncitos de papel y sostienen las cuerdas para mover una piñata. Abajo, una niña con los ojos vendados trata de romperla, mientras los demás la rodean, en algarabía.
En este caso vemos un dibujo. Luego, la calca que usó para ponerlo sobre el soporte. Finalmente, vemos una obra inconclusa. Ignoro si llegó a pintar una versión completa de esta preciosa composición.



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¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo! (Así decíamos antes).
Iliana Rodríguez
CDMX, a 24 de diciembre de 2025
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