Tres calacas bailan un son. Una, que fue mujer, se alza las enaguas y mueve sus huesudas piernas. Otro, que fue hombre, vestido de charro, marca el paso y empuña su pistola: solo por lucir. Otro esqueleto más los acompaña. Desnudo, en los puros huesos, baila. Nos recuerda que así, así vamos a bailar con la Huesuda un día, mañana. ¡Qué ritmo! ¡Pero qué alegría la de vivir este morir!
Texto de Iliana Rodríguez, a partir de la obra plástica “El baile de las calacas”, de Guillermo Rodríguez “Kamacho”.

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